CAPITULO 1
Alejandro acababa de regresar de una fiesta.
Sólo hubo algo que la hizo destacar sobre el resto. Se escucharon las mismas
canciones de siempre que seguían causando sensación. El mismo baile en grupo
que solo consistía en saltar y mover los brazos al ritmo de la música. Los
comentarios hipócritas de las personas que se hacían pasar por amigas del
individuo que criticaban. Estar un rato a solas con su novia, Andrea. De ahí
derivaba lo interesante.
Seguía vestido con una camisa morada y un
ligero saco negro. Estaba recostado en su azul cama de respaldo incómodo.
Consultaba en su Blackberry, Facebook y Twitter. Buscaba algo interesante. Una
ruptura, un nuevo noviazgo. Tal vez fotos indecorosas. Nada. No tenía sueño. No
estaba motivado para leer, básicamente para nada que requiriera un esfuerzo
mental. Ni siquiera analizar lo que le había dicho su novia.
Decidió quitarse su ropa y enfundarse en su
pijama, que consistía en un holgado pantalón. Hacía demasiado calor como para
una playera. Se metió a la cama y apagó la luz con el interruptor que tenía a
lado. Agarró su iPod de la mesa de noche. Enchufó los audífonos y empezó a oír
lo mismo que había escuchado horas antes. Se le empezaron a cerrar los ojos.
Pausó la música y dejó el aparato en su lugar. Acomodó sus almohadas.
El rechinar de unos neumáticos disipó la
tranquilidad de la avenida. Abrió sus ojos de golpe. “¿Qué #$%& fue eso?”
Dijo en sus adentros. Una camioneta se había estacionado en la entrada de su
casa. “Es Bruno.” Pensó, soltando un resoplido. “Que modo de manejar.”
Pasaron unos segundos. Un minuto. La puerta principal se abrió, con un ruido
apenas perceptible. Transcurrieron unos cuantos segundos más.

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